
Esta toma requiere una presentación muy especial. En efecto, se trata del epitafio que Joaquín García Ribes siempre deseó que figurara en su lápida.
Joaquín García Ribes (valenciano de nacimiento) fue durante muchos años, hasta su muerte acaecida a principios de la década de los noventa, el único superviviente español del campo de exterminio nazi de Treblinka.
Recaló en Suiza, luego de la Guerra Civil española. Al poco de estar allí, le sorprendió el inicio de la II Guerra Mundial. Llevado por sus ideales políticos, se enroló como voluntario, para combatir al III Reich. Pero fue detenido y deportado al campo de Treblinka. Allí, Joaquín García, conservó la vida gracias a que dijo -aunque no era cierto, de ningún modo- que su oficio era encofrador. Al llegar al campo, alguien le comentó, como pudo, que con esta estrategia se libraría de la certeza de una muerte que le estaba esperando. Sólo los encofradores salvavan la vida, porque los responsables del campo de exterminio estaban necesitados de estos operarios para duros trabajos que había que llevar a cabo. En Treblinka, Joaquín García Ribes, vio desfilar ante sus ojs algunos de los episodios más horripilantes que un ser humano pueda contemplar. Os voy a ahorrar detalles.
Al cabo de decadas y establecido en la pequeña localidad de Montcada i Reixac, Joaquín García vivía contando sus historias de horror cierto. Aun recuerdo, personalmente, como José María Íñigo (famoso presentador de TVE, del momento) le entrevistó largamente a una hora de máxima audiencia, allá por la primavera del año 1983.
Por otra parte, unos dos o tres años más tarde, su modesta casa de Montcada, se vio invadida por cámaras y periodistas de medio mundo, ante su atónita mirada, dado que la justicia del Estado de Israel le reclamaba para que fuera testigo de cargo. Se trataba, nada más y nada menos, que del espectacular juicio de un individuo llamado John Demjajuk que, según todos los indicios, había sido un criminal de guerra nazi, apodado por sus víctimas "Ivan el Terrible". Demjanjuk, negaba rotundamente cualquier vinculación con el III Reich. Pero, García Ribes, devino -como único superviviente de Treblinka- un testigo fundamental. Dado lo avanzado de su edad (pasaba ya de los ochenta) no pudo viajar a Israel, como pretendía el Estado hebreo. Pero sí que diversos abogados, llegados directamente de este país, intentaban que les aclarase la identidad del mentado Demjanjuk. A pesar de que hablaba perfectamente, entre otros idiomas, inglés y alemán, García Ribes solicito un traductor. Preocupado por sus muchas dudas y acosado por los abogados, decidió que Dejamjuk no era "Ivan el Terrible". Su argumento, sostenido siempre con firmeza, era que el tristemente famoso verdugo nazi era de talla normal, y, Dejamjuk, realmente era un hombre de casi u metro noventa de alto y anchas espaldas. Por fin, luego de haber sido portada de "TN" DE TV3 durante algunos días, García Ribes pudo descansar.
Como he mentado al inicio, murio en enero del año 1992 en Montcada. Sus restos descansan en el cementerio de Sant Pere de Reixac.
Esta fotografía no pretende tener ninguna finalidad ni política, ni antipolítica, niapolítica, ni parapolítica. Tan sólo pretende ser una referencia de nuestea historia más reciente, y que, al haberla vivido muy de cerca, me ha parecido que os podía hacer participar de esta reseña. Gracias a todos.

